
las manos se nublan por poemas devorados que yacen en tímpanos adecuados a sonidos extra-natura.
los ojos destellan aire. los besos se regodean en el charco de un gorrión parisino.
carne amarga: inanición inminente.
Nadamos en el embalse porteño
-De mi casa a Palermo-
Entre la dicotomía Falsa
(pero fácil)
de la realidad y su contrario
encontrando un punto intermedio
que pendula vicioso en el abismo de ambos términos
un agujero negro
un bolsillo descosido
un libro cerrado al público
y un corazón explícito
una fina línea de dos cuerpos
entre dos sábanas rosadas.
Un lugar común aristotélico
Donde el frío no hiere
y la tristeza es cuento
(mientras no se termine el capítulo)
y allí vagamos unidos al punto de defraudar al sistema binario,
living for today, como lo soñó algún bohemio.
La realidad golpea en las ventanas
Nos destapa, nos muerde,
Tropieza, rueda y le gritamos.
Huye acobardada
Por un tiempo
Indefinido
Indecente
Incontable
(Que no se mide en cubículos de calendarios)
Y luego de la batalla ganada
Nos abrazamos hasta diluirnos
Y nos damos cuenta
De que cuando los meses se miden en recuerdos
Y las miradas dan paso a las horas,
Cuando la vida traspasa los ojos,
se metamorfosea.
En esto
En nosotros
En lo nuestro.
Y me dan ganas de decirte
Sí.
hasta sentir que enloquecí tu corazón de libertad. ya vas a ver